1.- Dirigirme a “altos cargos”

Aquí hay mil instituciones, mil “institut pour le développement” de cualquier cosa, y mil personas que son chef de…, CEO, y demás cargos que cuando era una chavalina me intimidaban. Ahora entiendo que con respeto y decisión aquí todo se puede… y si lo necesito, yo también firmo como CEO 😀

2.- Negociar

al principio me daba vergüenza, pero aquí se negocia casi todo, desde el taxi hasta los tomates. Así que no queda otra que hacerlo y al final te acostumbras y te sale con naturalidad. Casi que parece que te falta algo si te dan un buen precio de mano!

3.- Utilizar estrategias “no legales”

Muuuuchas veces te dan mil vueltas para conseguir un papel, para dejarte pasar por la frontera, etc…; al final entiendes que es mejor darles una “motivación” para trabajar y terminar rápido, ya sea darles unos CFAS o comprar algo de su negocio paralelo. P. ejemplo: la mujer que me atiende cuando voy a pagar los impuestos suele ser bastante lenta y borde conmigo, pero un día le compré uno de los perfumes que vende a la gente que va a su oficina y desde entonces me atiende con una sonrisa y tardo la mitad de tiempo.

4.- Hablar con desconocidos: cuando llegué a Dakar era bastante tímida y me ponía nerviosa dirigirme a gente nueva, especialmente en otro idioma. Recuerdo ir a la boutique a comprar huevos y ¡ponerme tartamudear del estrés! Pero aquí es tan normal que la gente te hable por la calle sin conocerte de nada que acabas haciéndolo tú también; y lo cierto es que en general son muy agradecidos, y con 4 palabras que digas en wolof ya te hacen sentir bien.

Y la estrella:

5.- Salir a la calle sin depilarme: aquí es bastante normal que la gente vaya sin depilar, y yo ya no dejo de llevar falda por tener pelos en las piernas. Sólo resulta un poco raro cuando me miran los toubab 😀

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Escrito por Juana Alonso Alviz
Asturiana, saltarina y devoradora de mangos. Viviendo en Senegal desde 2011, he desarrollado una peligrosa adicción a las telas WAX y una terrible añoranza por la tortilla de mi madre. ¡Mamá, te quiero!