Nunca pensé que me pasaría… pero podríamos decir que me ha timado un defensor de la justicia 😀

Aunque ahora pueda hacer bromas, la verdad es que escribo este post después de haber sudado rabia; y es que a pesar de llevar años por aquí me han vuelto a timar.

Esta vez fue un abogado en los tribunales de Dakar, y lo hago público y cuento la historia completa porque quizás alguna persona que lo lea llegue a encontrarse en la misma situación, para que pueda ir un poco más prevenida y no ser tan inocente como yo.

Esta historia empieza en junio de 2015. El hermano de una amiga había recibido una paliza que casi le deja en el sitio, y tras muchas visitas a hospitales y un poco de reposo, mi amiga y su hermano decidieron denunciar al agresor. La aventura empieza en el momento en que van a la comisaría de policía y no les ayudan en nada: tramitan su denuncia y detienen al agresor pero no les informan sobre cómo seguir con el proceso, no les dan una copia de la denuncia ni un número de registro, simplemente les dicen que en algún momento tienen que ir a los tribunales de Plateau a informarse.

Con el hermano en casa sin poder apenas moverse, mi amiga y yo nos fuimos a los tribunales a preguntar por el caso. Era la primera vez que íbamos, yo nunca había estado en los tribunales ni aquí ni en España, y no teníamos ni idea de a qué oficina dirigirnos. En la entrada hay una ventanilla de información, pero como no teníamos ni la copia de la denuncia ni el número de registro nos enviaron a otro despacho. En el segundo despacho nos enviaron a otra ventanilla y después a otra y a otra y a otra…. La verdad es que era bastante desesperante y ya no sabíamos qué hacer. Cuando estábamos a punto de irnos, un hombre que trabajaba allí se acercó a nosotras para “ayudarnos” y nos acompañó al despacho donde, finalmente, nos dieron la siguiente información: la audiencia iba a tener lugar ese mismo día en poco más de 30 minutos, era la última convocatoria (hay varias que se van aplazando en función de si te presentas o no, si tienes abogado, etc.) y si el denunciante no se presentaba no habría testimonios contra el agresor y quedaría en libertad — cabe mencionar que el denunciado ya había agredido a otras 3 personas anteriormente, sin ser siquiera detenido.

Mi amiga y yo nos quedamos un poco heladas porque nos pilló totalmente desprevenidas: ni teníamos abogado ni sabíamos cómo funcionaban los juicios en Senegal, ni conocíamos la ley ni ná de ná. Entonces, Lamine, el hombre que nos había ayudado, nos ofreció consejo y un abogado de su despacho. Sin pensarlo mucho aceptamos porque no veíamos otra solución mejor. Llamamos al hermano de mi amiga para que viniera rápidamente y fuimos a hablar con el abogado que nos había recomendado Lamine: M. Serigne Diongue.

Después de hablar con él y explicarle la situación, Serigne nos dijo que lo defendería por 150.000 CFA (un precio normal por defender un caso pequeño) pero que se lo tenía que pagar en el momento. Le preguntamos si eso cubría el juicio o todo el proceso judicial que pudiera venir después y nos aseguró que cubría todo. El juicio se celebró y el agresor fue declarado culpable con una pena de dos años de cárcel y una indemnización de 3 millones de FCFA.

Tras el juicio, y aún en los tribunales, al reclamar el pago acordado, solicitamos que nos hiciera una factura, a lo que se negaron repetidamente alegando que no tenían los papeles encima, que confiáramos en ellos y fuéramos al despacho al día siguiente. Discutimos con ellos hasta que conseguimos que nos firmase un recibí improvisado, pagamos delante de Lamine, y nos dijo que le llamáramos en una semana para recoger el informe de la jueza, la factura del pago y ver lo que se podía hacer para reclamar la indemnización.

Nos cansamos de llamarle. Siempre tenía alguna excusa para no atendernos y en ningún momento conseguimos obtener ni la factura ni el informe fiscal. Por supuesto no le vimos más el pelo.

El pasado mes de febrero el hermano de mi amiga tuvo otra citación de la audiencia para revisar el caso y allí nos encontramos, casualmente, con Lamine. Le pregunté por el abogado y me dijo que él no era responsable, que cuando nos defendió sólo era un estudiante en prácticas y que ahora ya no trabajaba para el gabinete. Le dije que no había cumplido con lo acordado y me contestó: “No hay ninguna prueba de que nos hayas pagado nada, si quieres seguir con el caso tienes que pagar otros 150.000 CFA”. Le dije que me habían engañado y que no le iba a dar ni un franco más, a lo que me contestó con mi frase favorita: “no seas rata, siendo toubab seguro que tienes mucho dinero”. Y ahí se acabó la historia.

Lo que quiero denunciar con este post es el oportunismo que te puedes encontrar en cualquier sitio, pero especialmente en los entornos donde eres más vulnerable. Mi amiga no sabe leer ni habla francés, con lo que estaba completamente perdida en un entorno administrativo. Yo no tengo ni idea de leyes ni de procesos judiciales en el país, y tampoco, en 30 minutos, contaba con tiempo para solucionar la situación de otra manera. Y eso, lo huelen.

Ahora que ha pasado un poco de tiempo y poniéndolo sobre el papel, me doy cuenta de muchos detalles que indicaban que me estaban engañando, pero en aquel momento en el que se juntaban la agresión, la situación de desorientación y la ignorancia, fui, nunca mejor dicho “un blanco fácil”.

Y jode.

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Escrito por Juana Alonso Alviz
Asturiana, saltarina y devoradora de mangos. Viviendo en Senegal desde 2011, he desarrollado una peligrosa adicción a las telas WAX y una terrible añoranza por la tortilla de mi madre. ¡Mamá, te quiero!